HAY HUMORES QUE MATAN

El humor siempre ha sido una herramienta para cuestionar al poderoso. Los chistes cambian de personajes, pero se transmiten de generación en generación. Hoy lo usa un bando y mañana sus contrarios, o los hijos de aquellos contrarios. Y las variantes son mínimas.
La parodia y la ridiculización de los líderes son corrosivas, desde griegos y babilonios al presente, y seguramente antes también.
Hay gente que ha estudiado el tema en profundidad.
Han existido regímenes más permisivos, como lo han sido las democracias liberales de occidente; y otros que reprimen inútilmente.
Lo que sería una novedad -quizás un nuevo experimento de ingeniería social- es un régimen que busque prevenir y anular los efectos del humor apelando él mismo a todo tipo de torpeza y de ridículo, un gobierno que se arrastre a propósito por el barro del ludibrio y la befa, de modo de obligar a los opositores a idear burlas que nunca podrían ser peores que el objeto mismo de la crítica.


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